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Los 57 millones para las madres

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EL AUTOR es periodista. Reside en Estados Unidos.

Las cámaras legislativas son especie de cajas chicas para resarcir demandas unánimes de los propios senadores y diputados quienes, a pesar de ser electos para hacer y aplicar las leyes, desarrollan una labor que no contribuye en lo absoluto con la estabilidad económica del estado, manejado a su libre albedrío y como si fuera una parcela donde sólo ellos tienen acceso para satisfacer sus necesidades.

Un país en crisis como República Dominicana, que subsiste gracias a préstamos provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y otras instituciones bancarias internacionales, no puede darse el lujo de regalar a los diputados 57 millones de pesos para supuestamente hacer regalos con motivo del Día de las Madres.

Este modelo de comportamiento refleja un tipo de corrupción legislativa que transgrede los principios éticos y morales de una sociedad que se asienta en parámetros representativos para sucumbir y abusar del poder congresual cada vez que se acercan celebraciones de actividades festivas en el país, a los fines de saciar la sed de dinero y abultar sus cuentas bancarias.

Si en verdad fuera para distinguir y reconocer el valor especial y maravilloso que implica la responsabilidad de ser madre, se podría valorar la iniciativa del presidente de la Cámara de Diputados, Rubén Darío Maldonado, de regalar 300 mil pesos a cada miembro del hemiciclo. Pero no es un secreto para nadie que de esos recursos propiedad del Estado no fue distribuido ni un céntimo. No hay manera de justificarlo.

El profesor Juan Bosch, fundador de los partidos Revolucionario Dominicano (PRD) y de la Liberación Dominicana (PLD), fue definido como un político de ideales preclaras, cuando se trataba del manejo del poder y los recursos propiedad del Estado. Sin embargo, sus principios no le han bastado al gobierno para dirigir la nación con apego a las leyes, como lo demanda nuestra carta constitutiva.

Esa forma de hacerse rico a costa del Estado es laudatoria y contrasta con el desparpajo de recursos que sintetiza un modelo de corrupción administrativa apropiada en el concepto consagrado de que “la mejor oportunidad es la que se aprovecha para obtener beneficios, no importan de donde vengan y como vengan”, propiamente del refranero popular, “lo que nada nos cuesta, ¡hagámoslo fiesta!, porque es mejor ser rico y saludable que pobre y enfermo”.

De acuerdo con el Nihilismo (científico y filósofo Nietzsche), “la íntima unión entre los conceptos y el lenguaje se convierten en un arma engañosa del pensamiento”. Esta apología del pensamiento está dirigida a crear confusiones entre los públicos para justificar decisiones dañinas contra el país, mediante posturas inexorables que garantizan todo tipo de impunidad presupuestaria impuestas con trabas y engaños. La gravedad del asunto es que aun conociendo que está mal hecho buscan convencer a los inconvencidos.

Son 300 mil pesos que, divididos entre 190 diputados suman RD$57.000.000, mientras los hospitales se caen a pedazos, es notoria la baja calidad de los servicios públicos que dimensionan las demandan de los pobladores en cada provincia del país y la calidad de educación es disfuncional. ¿Señores dueños del gobierno, no creen ustedes que se deberían usar con más transparencia los recursos del estado dominicano?

El sistema no puede ser el contribuyente del mal manejo de la administración pública. Debemos empoderarnos y bajo cualquier método exigir que se transparenten las instituciones públicas y que el presupuesto sea destinado acorde con las capitulaciones dispuesta por el ejecutivo a través de las aprobaciones del congreso.

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