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¿Ladrones vigilan ladrones?

Rosario Espinal

Enfoques
Rosario Espinal

Sanear el sistema policial y militar no es tarea fácil, ni tienen gran interés en hacerlo el poder militar ni el poder civil porque se sustenta en la complicidad. Si ese saneamiento se lograra, se reduciría mucho el problema delincuencial en el país.

Desde el año 2005, los gobiernos del PLD han quedado atrapados en una espiral de delincuencia que no cesa y no logran enfrentar con efectividad.

Es harto sabido que no hay una sola causa que explique el aumento de la delincuencia. No obstante, la solución recurrente es a lanzar mayor cantidad de policías y militares al patrullaje en las calles. La medida tiene un efecto mediático (que la gente vea al Gobierno actuando), y disuadir a los ladrones mientras dura el patrullaje mixto ampliado.

¿Por qué no soluciona el problema de la delincuencia el despliegue del patrullaje?

Primero, porque los policías y militares son parte del problema. Algunos son cómplices de los delincuentes civiles, o salen a las calles al macuteo. En vez de aliviar, representan una nueva carga para la gente. Segundo, porque la población no confía en ellos. En encuestas comparativas de la región, la Policía Nacional dominicana ocupa uno de los últimos lugares en confianza institucional. Tercero, porque aún capturen delincuentes, salen pronto de la cárcel.

La corrupción policial-militar tiene una larga historia en este país. En los 12 años de Balaguer (1966-1978), la corrupción fue el pacto establecido para que los policías y militares se subordinaran al poder civil y no complotaran contra el Gobierno. Los grandes jefes militares prosperaron y los de abajo recibían sus boronas. Este sistema ha continuado intacto hasta el día de hoy.

Es incalculable cuánto reciben los policías y militares en sobornos o por extorciones, y subirles el sueldo no resuelve el problema porque las fuentes irregulares de recursos son probablemente mayores que los aumentos de salarios que podría aguantar el Presupuesto Nacional.

En países donde se ha logrado institucionalizar las fuerzas policiales y militares, y donde la corrupción de los oficiales es limitada, es porque nunca antes existió un sistema vasto de corrupción como en la República Dominicana. Este sistema conlleva permitir acciones delincuenciales a civiles a cambio de comisiones para policías y militares; o los mismos oficiales, o ex oficiales, se involucran directamente en las acciones delictivas.

Esto no significa que todos los policías y militares sean delincuentes, sino que existe una estructura de corrupción de 50 años enclavada en las instituciones del orden público, de la cual, muchos oficiales son beneficiarios, en distintas cantidades y formas según el rango.

Sanear el sistema policial y militar no es tarea fácil, ni tienen gran interés en hacerlo el poder militar ni el poder civil porque se sustenta en la complicidad. Si ese saneamiento se lograra, se reduciría mucho el problema delincuencial en el país.

La otra gran causa de la delincuencia es el desempleo y la desigualdad social. En la solución de estos problemas no tienen incumbencia los policías ni los militares; por eso, lanzarlos a la calle no enfrenta una causal fundamental.

Hay que crear muchas fuentes de trabajo con salarios aceptables para incorporar la población joven al sistema productivo. Sin eso, los jóvenes marginados encontrarán en la delincuencia callejera un oficio por cuenta propia para generar ingresos.

A la corrupción policial y militar, y al desempleo y la desigualdad, se agrega la proliferación de armas, los juegos de azar y el consumo de drogas. En busca de dinero para satisfacer esos vicios hay muchos ladrones armados en las calles.

Si para probar efectividad del patrullaje mixto ampliado se anuncia ahora la captura de muchos delincuentes y bienes robados, ¿dónde estaban todos esos policías y militares que no cumplían con esa importante labor? ¿Y qué harán con los bienes confiscados?

 

Artículo publicado en el periódico HOY

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