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El imperio de la corrupción

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EL AUTOR es presidente del Partido Humanista Dominicano (PHD). Reside en Santo Domingo.

Se quiere siempre pretextar que la corrupción es sistémica, que está en la sangre del dominicano, que es generalizada y universal; en fin, se llega a afirmar que todos somos corruptos, que todos los políticos son corruptos y que el país se divide entre corruptos y peledeístas.

El peledeísmo gobernante se ha encargado de socializar, promover y difundir como elemento disuasivo y de distracción a su ropaje de corruptela, ese discurso, con el propósito de eludir y exonerar su propio modus operandi y modus vivendi marcado en sus acciones de Estado por la más profunda y profusa corrupción jamás vista en los anales de la historia de la República Dominicana.

Este gobierno, como los anteriores, de impronta peledeísta ha creado, promulgado y oficializado un sin numero de leyes, decretos, reglamentos y comisiones, supuestamente como instrumentos para combatir ese flagelo, pero no han rendido prácticamente ningún resultado. Ejemplo de esos instrumentos creados para atacar ese mal social son: la Comisión Nacional de Ética y Transparencia Pública, la ley de acceso a la opinión pública, los comités de ética pública, que operan en distintas instituciones para velar por el buen uso de los recursos públicos; las unidades de auditoria interna, que funcionan como oficinas satélites de la contraloría para fiscalizar el buen uso de los fondos y las comisiones de veedurías, que fueron creadas para monitorear los procesos de compras y contrataciones en el Estado. Otra iniciativa gubernamental anticorrupción es la Cuenta Única del Tesoro y la Contraloría General de la República.

Sin embrago, esos instrumentos o mecanismos han sido violentados, obstruidos o inaplicados por los funcionarios y autoridades a todos los niveles, mostrando una actitud hostil y negativa al cumplimiento de esas reglamentaciones y disposiciones.

¿Cómo se explica que República Dominicana tenga las peores puntuaciones en corrupción, siendo sublíder mundial y con los mayores retrocesos en los entornos macroeconómicos y financieros, según el Índice de Competitividad Global (ICG) del Foro Económico Mundial 2016-2017?

No hay forma de comparar con otros periodos gubernamentales los actos de corrupción de los gobiernos peledeístas y que se han convertido en una lista interminable de escándalos, todos con el maléfico signo de la impunidad. Entre esos escándalos tenemos: Los tucanos, OMSA, CEA, OISOE, INAPA, Sun Land, los Tres Brazos, Hospital Darío Contreras, Bahía de las Águilas y más recientemente el mega escándalo de Odebrecht y Punta Catalina, que ha estremecido a todo el tejido social dominicano.

Según el estudio “se buscan recursos para garantizar derechos” de la organización internacional OXFAM, la corrupción en República Dominicana para el año 2017 tuvo un costo de RD$ 26,000 MM equivalente al 0.7% del PIB. de acuerdo con la encuesta Gallup-Hoy de octubre de 2017, una amplísima mayoría de los ciudadanos, el 89% califican como muy alarmantes los niveles de corrupción existentes en la sociedad dominicana.

Lo peor de todo esto es la intolerancia, la resistencia y la escasa voluntad política exhibida por el gobierno encabezado por el presidente Medina para enfrentar esos hechos de corrupción, ejemplo de esto es el voluminoso expediente de Odebrecht, donde apenas llevaron a los tribunales a 7 posibles inculpados, pero que medio gobierno que deberían estar en los tribunales o presos ni siquiera lo han citado ni investigado. Tampoco el expediente incluye las sobrevaluaciones de las obras construidas por Odebrecht y los recursos para financiamientos de las campañas electorales ni tampoco se han incluido la mayoría de los implicados en sobornos.

Un claro ejemplo de intolerancia de las presente autoridades ha sido el que la bancada peledeísta rechazara la petición de investigación por parte de la Cámara de Diputados como órgano fiscalizador, que hiciera la diputada Faride Raful y tres de sus compañeros, de los RD$ 1,475 MM pagados en publicidad a Joao Santana y su esposa Mónica Moura.

Nadie a ciencia cierta podía ni siquiera imaginarse que un partido fundado por el gran moralista, el Profesor Juan Bosch estuviera hoy arropado de acciones de corrupción y peor aún sin sanción ni castigo, mucho menos que le haya caído el peso de la ley y la justicia. Todos los corruptos de los gobiernos peledeístas caminan libres en las calles, cortejados por la impunidad.

El día y la hora menos esperada el pueblo tomará colectivamente su decisión, pues esto no lo tolera nadie. Asumamos cada uno como ciudadano nuestra propia responsabilidad y salvemos de este lastre y entramado mafioso la nación dominicana, para de esa manera destronar el imperio de la corrupción instaurado con mucha fuerza por el Partido de la Liberación Dominicana.

 

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